Para develar un espejismo

Rodrigo Pérez Gil

Resumen


Hay libros como este de Manuel Uribe Ángel (cuyo original fue publicado en 1892) que tienen la curiosa virtud de exponer, como si fuera en tono menor, suficientes argumentos para desmentir la tesis expresamente declarada por el autor. La primera y más extensa parte, dedicada a Colón, es un superlativo ditirambo que se esmera en honrar al personaje y celebrar su odisea.

La hipérbole, elocuente al fin, nos asalta desde el mero comienzo cuando leemos, nada más y nada menos, que “la obra del genovés parece como una segunda creación: ‘Dios dijo: que la luz sea, y la luz fue’, y Colón dijo: ‘descúbrase un nuevo mundo’, [y un nuevo mundo] surgió del seno de los mares” [pág. 10].

Al final del ensayo, volvemos a encontrar esta idea del Colón creador al enterarnos de las zozobras durante el primer viaje del Almirante en el que éste estuvo a punto de perder la cabeza por un motín de los nada felices tripulantes; el narrador ensalza “la figura egregia del piloto genovés, gobernando un frágil leño de pocas toneladas, con el puño puesto en el timón, con el ojo clavado sobre el Occidente y con el corazón alentado por la fe”.

Palabras clave


Crítica e interpretación; Reseñas de libros; Historia; Biografías ; Descubrimientos geográficos; Descubrimiento y exploraciones

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