La poesía como una casa de puertas abiertas

Henry Alexander Gómez

Resumen


Libro reseñado:

Casa sin puertas. Óscar Hernández M. Letra a Letra, Bogotá, 2016, 68 pp.

 

Con excepción de Suenan timbres (1926) de Luis Vidales, se ha dicho que en Colombia no hubo vanguardia. En efecto, mientras en otras latitudes del continente se asistía a una renovación sostenida del lenguaje y otras búsquedas estéticas, el país seguía anclado a un modernismo tardío, sumergido en un matrimonio, casi indisociable, con la tradición española. Tuvimos que esperar hasta la llamada Generación Mito, constituida por poetas nacidos en la década de los veinte y que empiezan a publicar en la década de los cincuenta, para presenciar por fin un cuestionamiento a nuestras prácticas literarias y empezar a entender la poesía como un género que rejuvenece a medida que el hombre avanza por su línea histórica.

Hoy existe un consenso sobre el aporte —no solo desde lo poético, sino también desde lo cultural y lo político— que hicieron figuras como Jorge Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus, Álvaro Mutis, Héctor Rojas Herazo, junto al canto imborrable que construyó paralelamente Aurelio Arturo con su Morada al sur. Sin embargo, aún falta echar una mirada más definitiva a esta generación, ya que prácticamente han sido excluidos tres poetas que merecen una atención inmediata y cuyo aporte llega a ser incluso más interesante que el de sus contemporáneos. Estos poetas son Emilia Ayarza (Bogotá, 1919-1966), Carlos Obregón (Bogotá, 1929-1963) y el que nos compete en esta reseña, Óscar Hernández Monsalve (Medellín, 1925).


Palabras clave


Poesía colombiana; Poetas colombianos

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