Ver pasar el mundo desde la calle Junín

Alberto Bejarano

Resumen


Libro reseñado:

Todo pasa. Alfonso Morales (textos) e Isabel Garcés (conceptualización del proyecto). RM, México, 2013, 71 pp., il.

 

Escribir sobre fotografía supone al menos dos condiciones. La primera, desistir de una exigencia de explicación, es decir, abandonar de entrada la pretensión de contextualizar una fotografía. La segunda se desprende de la primera: buscar un diálogo productivo con la imagen, que permita proyectar más sombras que supuestas claridades. Es lo que el filósofo francés Georges Didi-Huberman llama evanescencia: entrar en contacto con una imagen a través de zonas veladas o problemáticas. Escribir no es describir, es adentrarse en la fantasmagoría misma de la imagen, lo que está implícito en ella y nos genera múltiples dudas y asombros: una silueta inasible, un claroscuro, un borde borroso, un reflejo en un espejo, una sobreexposición, el brillo de lo anónimo, de lo indescifrable. Crear una poética de lo menor, de lo casi imperceptible. Las fotografías deben verse lentamente, pasar las páginas sin prisa, en un ambiente propicio para el silencio (como si se estuviera en un recital de piano), rozar las imágenes con guantes de seda, cerrar los ojos, proyectar otras imágenes, detenerse en algún detalle. Extraño destino tienen los libros de fotografía, por lo general, el de decorar una mesita de centro que, distraída, va llenando de polvo el paso del tiempo. Todo pasa.

Este libro es una pieza de fotocineros, raro oficio ya desaparecido que consistía en tomar fotos casuales a transeúntes en calles céntricas. En el mundo actual saturado de imágenes triviales, de selfies, de instantáneas que son consumidas y difundidas de inmediato en las redes sociales, quizá sea difícil comprender el trabajo de los fotocineros, su utópica misión de conservar un gesto simple que iría a parar a un álbum de fotos o a una caja negra de una familia como una tumba sin nombre. El libro es un montaje alterno de miniaturas que nos conecta con lo efímero e insondable de nuestras caminatas cotidianas. De allí el título: Todo pasa. A menos que uno sea Fernando González y consigne en un libro su “viaje a pie”, todo pasa. Las sensaciones se eclipsan una tras otra; la misma calle repetida hasta la saciedad, la séptima, la calle Junín, se va internando en los laberintos de la memoria y, como diría Borges, “las tardes a las tardes son iguales”. A menos que uno sea González, José Manuel Arango, Jairo Osorio o Alfonso Morales. Unos, poetas; otros, arqueólogos de una calle.

Palabras clave


Fotografía; Fotocinero; Imágenes fotográficas; Calles; Vida cotidiana

Texto completo:

PDF