Bibliofilia: De los libros como curiosidad de museo

Nelson Nicholls Santacoloma

Resumen


Hubo un tiempo en que los libros se guardaban en cofres o se les veía atados de los atriles con no muy sutiles cadenas en las salas de los monasterios medievales. Eran entonces el producto de laboriosos copistas o calígrafos, tan famosos algunos de ellos como el conocidísimo Sintram, de quien se ha dicho que "no había monasterio del otro lado de los Alpes que no se gloriase de tener algún manuscrito suyo".

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