1988-1999. Cine colombiano: ¿la dicha no alcanza?

Sandro Romero Rey

Resumen


Entre 1985 y 1986 se estrenaron en Colombia cerca de catorce largometrajes nacionales, sin contar películas internacionales rodadas en el país, las cuales habían convertido el suelo patrio en una locación atractiva para todos aquellos que necesitasen del exotismo con el fin de renovar las cansadas imágenes del séptimo arte en el fin de siglo. "Ya no hay nada nuevo qué filmar", reflexionaban, palabras más, palabras menos, Werner Herzog y Wim Wenders en Tokyo-ga, el documental realizado por el segundo en el Japón. Y es justamente Herzog quien estaría en Colombia durante esta misma época, rodando el último delirio megalomaniaco de Klaus Kinski, conocido bajo el título de Cobra verde. Sí. Sí había imágenes nuevas para filmar. Al menos en aquel país de Suramérica, bañado por las aguas de dos mares, beatificado por las novelas de Monsieur Marquez, estigmatizado por una fascinante violencia irracional y por gentes desbordantes de maldad y simpatía. Sí. Colombia era parte de "lo nuevo" , y así se intentaron vender las posibilidades visuales del país, cuando María Emma Mejía fue gerente de Focine (la empresa estatal productora de películas) y el mundo cinematográfico nacional se hinchaba de esperanzas.

Palabras clave


Cinematograría; Cine; Colombia; Cortometrajes

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